
Uno se preguntaría porque este formato, que limitaba el número de colores máximos de una imagen a 256, fue tan popular. Por un parte, se debía a que permitía reducir el peso de los archivos respecto a su homónimo en JPEG si se utilizaban pocos colores (caso de logotipos, mapas, e imágenes de colores planos). Y por otra, su reproducción de color era más “limpia” que la del JPEG, que tiene por ejemplo bastante artefactos de compresión al manejar el color rojo. Por eso, si uno quería una imagen con pocos colores pero buena nitidez, el GIF era la opción ideal.
Pero no obstante, hay una segunda razón para la popularización del formato GIF: la posibilidad, en sus últimas versiones, de crear animaciones simples. Y esto, en una época era en la que las conexiones eran de 56 kbps (para los más afortunados), abría todo un mundo de posibilidades.